Aunque no lo creas, fracasar te ayuda a mejorar tu reputación. Te explicamos cómo

Se necesita de algo más que éxito para construir una marca personal memorable.

Me senté con mi nuevo cliente para lo que sería una sesión de tres horas intensas sobre marca personal, el primer paso en mi coaching de gestión de reputación. Le pregunté qué es lo que lo hace grande. ¿Qué lo hace memorable?

“El fracaso” me dijo. “Soy un experto fracasando”.

He escuchado muchas respuestas a esa pregunta, pero ninguna me había hecho reflexionar como ésta. ¿Fracaso? ¿No se supone que es algo de lo que debemos huir, escondernos y jamás admitir que lo hemos vivido?

El fracaso, tal como lo describió, era su especialidad. Él había sido un emprendedor en serie antes de conseguir su actual puesto como presidente de una compañía de tecnología de rápido crecimiento. Había arrancando más empresas de las que podía nombrar. Y la mayoría habían fracasado.

Fracasaron por falta de planeación, por mal timing en el mercado, por falta de financiamiento, por falta de liquidez, por tener el talento equivocado, el liderazgo incorrecto, el marketing incorrecto o cualquier otra razón que se te ocurra. Cuando sus empresas fracasaban, él tomaba nota. Y aunque fracasó muchísimas veces, nunca fracasó por lo mismo. Cada vez aprendió del fracaso, corrigió lo que necesitaba corrección, y avanzó con nueva información y más seguridad.

Se ha escrito mucho sobre las claves que te llevan al éxito y a los grandes logros, pero pocos libros se han escrito sobre el poder de fracaso. Y los que existen son o inspiradores (¡Sigue adelante! ¡Tú puedes! ¡No te rindas!) o académicos (análisis sobre los inventos fallidos de Tesla) o cliché (empezando con la cita de Edison “No he fracasado, sólo he encontrado 10,000 formas que no funcionan”).

¿Será que el fracaso puede ser una clave para el éxito?

Fracasando

Si la definición de fracaso es falta de éxito a la hora de lograr un objetivo, ¿por qué seguimos usando la misma palabra para describir el hecho de seguir arriesgándonos, tirando más alto, aprendiendo de las situaciones que nos alejaron de los objetivos?

En sus escritos sobre el tema, la actriz convertida en autora Leslie Odom Jr. nos invita a darnos permiso para fracasar, para quedarnos cortos a la hora de perseguir nuestros sueños. Si no lo intentamos, nunca tendremos éxito. Si fracasamos, podemos aprender de ello. Pero si no lo intentamos, jamás vamos a avanzar.

De la misma forma, Brené Brown, investigadora de la Universidad de Houston que ha pasado años estudiando el valor, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía, nos recuerda en sus escritos sobre vulnerabilidad y riesgos que “Abrazar nuestra vulnerabilidad es riesgoso pero tan peligroso como renunciar al amor y a la pertenencia y a la alegría, las experiencias que nos hacen más vulnerables. Sólo cuando seamos lo suficientemente valientes para explorar la oscuridad descubriremos el poder infinito de nuestra luz”. Tal como ella comparte, es en la consciencia de nuestra fragilidad y humanidad que podemos conectar con otros que están tomando consciencia de su propia humanidad.

Fracasar no se trata de darle la vuelta a tus errores o de “reinventarte a ti mismo” como alguien nuevo y mejorado. No se trata de limpiar tu reputación para hacerte ver como alguien que “ha aprendido de sus errores”. El fracaso se trata de darte cuenta de que puedes aprender tanto de lo que no funcionó como de lo que sí.

Y también se trata de no detenerte cuando fracases. Si es tan fácil dejar de construir esa empresa, o de hacerla pública, o de contratar a ese equipo innovador, crear esa nueva categoría, entonces no estabas destinado a hacerlo. Si Steve Jobs hubiera dejado de innovar cada vez que lanzó un producto de Apple que no triunfó, no tendríamos la tecnología que tenemos hoy. Tal como se señaló tras su muerte, “también será recordado enormemente como el emblema de que cometer errores, e incluso fracasar, puede terminar siendo lo mejor que pueda pasarte”. Su reputación de innovación, perseverancia y coraje en el mundo de la tecnología sigue existiendo al día de hoy.

Fracaso y negocios

Hace algunos años, platiqué con un grupo de estudiantes recién graduados de comunicación sobre los riesgos y beneficios de ser un emprendedor, el proceso de construir una marca internacional y las muchas lecciones que he aprendido de ser coach de directores con mucha experiencia. Hablamos sobre el fracaso.

Los emprendedores conocemos el fracaso. Ya sea que hayamos implementado la estrategia incorrecta, o que hayamos contratado gente que creíamos más talentosa, o que nos hayamos asociado con socios o inversionistas que no fueron tan comprometidos con la empresa, los emprendedores sabemos cómo fracasar.

Uno de mis fracasos llegó rápido al negocio. Construí una serie de webinars cargados de información sobre la gestión de reputación y marca personal. Estaban muy bien hechos y tenían mucha información, y lancé la plataforma esperando ganar millones mientras dormía. Pero no llegó nadie. Las ventas eran vergonzosas y mi reputación y mi marca estaban recibiendo el impacto. Bajé el sitio y me alejé vencida.

Al principio pensé: “No soy buena con los cursos digitales… Debería apegarme a mis conferencias en vivo… Soy pésima creando contenido digital”.

Tras reflexionarlo, entendí que la plataforma no funcionó por muchas razones: 1. Yo era muy nueva en esto. No tenía una base de seguidores o una tribu que conocieran mi trabajo y a los que les interesara pagar por él. 2 Aunque mis costos eran similares a los de la competencia, los míos seguían siendo más altos. Y 3. No invertí suficiente en publicidad creativa que le hablara a mi audiencia. La última fue difícil de entender, considerando que yo había trabajado muchos años como directora de marketing.

Si me hubiera cerrado a la idea de los cursos digitales y no hubiera desmenuzado estos aprendizajes, tal vez hubiera rechazado la oportunidad de unirme a lynda.com (ahora LinkedIn Learning) para producir varios cursos increíbles sobre gestión de reputación, marca personal y transición militar. Descubrí que soy buenísima con los cursos digitales, siempre y cuando cuente con los socios correctos, el timing y la base de seguidores.

Fracaso y resiliencia

Hoy más que nunca queremos profundizar nuestro aprendizaje para desarrollar una piel más gruesa, mayor resiliencia y seguidores más fuertes (tribus). Esto lo he aprendido trabajando con la milicia.

Entre los militares, el fracaso no es una opción. El fracaso de una misión o una estrategia no se percibe como una “oportunidad de aprendizaje” porque hay vidas en juego, ¡muchas vidas! Los miembros del servicio militar aprenden a seguir avanzando a pesar de la adversidad, a superar los obstáculos y la incomodidad para levantarse tras cada caída. Claro que hay un análisis posterior de la situación (un reporte después de la acción) para aprender lo que funcionó y lo que no, pero la idea no es que los soldados le abran la puerta al fracaso en el campo de batalla.

De lo que más he aprendido es de su resiliencia para levantarse cada vez que se caen: su habilidad para seguir y querer mejorar, aprender, sufrir y aprender de nuevo. La resiliencia es la mejor habilidad que he aprendido del fracaso, y la he aprendido de primera mano tras haber hablado con cientos de veteranos que viven con la necesidad de adaptarse y sobrevivir cada hora de sus vidas.

Gestión de la reputación y el fracaso

Muchos de mis clientes han fracasado. No todos han develado orgullosos su registro de empresas fallidas igual que el cliente del que hablé al inicio, pero han experimentado la “agonía de sentirse vencidos”. Han fracasado gestionando su reputación, protegiendo sus promesas y manteniéndolas como sagradas. Han fracasado no poniendo las necesidades de los demás antes que la suya pero profesando hacerlo.

La gestión del riesgo de reputación se aprovecha del fracaso. A la hora de ayudar a un cliente a superar una percepción negativa, veo lo que han aprendido, lo que hicieron diferente después de eso, y cómo usaron su “sentencia para encontrar a Dios”, por decirlo de alguna forma. Luego decidimos si el fracaso se debe de convertir en parte de su narrativa personal y profesional. Siempre hay una opción.

Aunque la gente quiere escuchar sobre arrepentimiento, lo más importante es que quieren ver pruebas de ello. Las audiencias quieren ver más que palabras. En mi experiencia, los clientes, compañeros y socios te van a perdonar si les muestras evidencia de que cambiaste para bien.

Al avanzar, debes aceptar que el fracaso existe y pasa. A todos nos pasa. Considera verlo desde una nueva perspectiva: Si aprendemos de nuestros errores, encontramos la magia del aprendizaje y podemos construir una reputación memorable y positiva.

Fuente: https://www.entrepreneur.com/

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